
desaparecemos siempre en el aparecer de nuestras figuras
Escarnecido, aclimatado al bien, mórbido, hurente,
doblo el cabo carnal y juego a copas,
donde acaban en moscas los destinos,
donde comí y bebí de lo que me hunde.
César Vallejo
te quiero como quien junta lluvia para lavar las heridas de su madre muerta
como el forastero que vislumbra en la leña la figura de unos brazos
como los perros que ven en el relámpago la presencia definitiva de la salvación
como el ebrio que recuerda la fragancia húmeda de su cuna y se acerca a la botella pensando que es el pezón que lo alimenta y lo destina a la resurrección
te quiero como quien adormece a las mariposas para colorearles las alas
te quiero como la madre que llama al hijo muerto y se tiende bajo su cama y teje para él el último pantalón
te quiero como el sonar de una campana en un lugar donde todos los cuerpos desaparecieron por el precipicio del hartazgo y la bienaventuranza
te quiero como quien abre las jaulas a los ángeles
te quiero como las palomas cuando se huelen sobre los techos plateados
te quiero como a la planta que es regada por una anciana cinco minutos antes de morir
y cuando tu cuerpo se abre a la trágica sonrisa del mundo eres dentro mío un cielo que no sabe de lluvias porque hay un sol que te puebla cuando mueves tu lengua como pronunciando el lenguaje que hemos aprendido en el agua del precipicio
tu mano es el tatuaje por donde un duende pronuncia el ruido del hambre cuando el hambre es esta boca que rehace tu cuello y lo transforma en sismo

0 Comments:
Post a Comment
<< Home