
Hegel percibe con extraordinaria penetración la gran y trágica paradoja que funda al amor: “los amantes no pueden separarse sino en la medida en que son mortales o cuando reflexionan sobre la posibilidad de morir”. En efecto, la muerte es la fuerza de gravedad del amor. El impulso amoroso nos arranca de la tierra y del aquí; la conciencia de la muerte nos hace volver: somos mortales, estamos hechos de tierra y tenemos que volver a ella. Me atrevo a decir algo más. El amor es vida plena, unida a sí misma: lo contrario de la separación. En la sensación del abrazo carnal, la unión de la pareja se hace sentimiento y éste, a su vez, se transforma en conciencia: el amor es el descubrimiento de la unidad de la vida. En ese instante, la unidad compacta se rompe en dos y el tiempo reaparece: es un gran hoyo que nos traga. La doble faz de la sexualidad reaparece en el amor: el sentimiento intenso de la vida es indistinguible del sentimiento no menos poderoso de la extinción del apetito vital, la subida es caída y la extrema tensión, distensión. Así pues, la fusión total implica la aceptación de la muerte. Sin la muerte, la vida –la nuestra, la terrestre- no es vida. El amor no vence a la muerte pero la integra en la vida. La muerte de la persona querida confirma nuestra condena: somos tiempo, nada dura y vivir es un continuo separarse; al mismo tiempo, en la muerte cesan el tiempo y la separación: regresamos a la indistinción del principio, a ese estado que entrevemos en la cópula carnal. El amor es un regreso a la muerte, al lugar de la reunión.
“La llama doble” (fragmento), Octavio Paz
Vendrán maremotos, portales inacabados rebasarán, hoy homenajeo la trituración de la luz, la diáspora inusitada del eco y la resurrección azul de los vulnerables. Débiles desearán subir a nuestros labios que nadan y se enfermarán por el abrazo terrestre, por la lúbrica columna que sostiene nuestras bóvedas. Creo en la forma futura de un feto inmenso, en el hijo de la saliva material adorando las fragancias del barro, se cumplirá la mano que te ama, se abrirá el cuero y un maremoto de olas tuyas repletará mi puñado de sesos calientes. Toda tu piel está preñada de música y pecíolos.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home